LA GRANDEZA DE LA MUJER

Por: Profesor Jesús Zambrano

“La Iglesia reconoce el indispensable aporte de la mujer en la sociedad, con una sensibilidad, una intuición y unas capacidades peculiares que suelen ser más propias de las mujeres que de los varones”, Evangelii Gaudium, n.103.

A lo largo del desarrollo cultural de la historia, de la construcción de sus diversas sociedades, el rol de la mujer ha sido vital y preponderante. Vital, porque ha sido fuente de motivación de grandes personajes de la fantasía literaria y la realidad documentada, pasando por lo que significó Penélope para Ulises, el gran símbolo de fidelidad marital, de incondicionalidad en la espera. Y, por lo que representó Santa Mónica para San Agustín de Hipona, la abnegación y el compromiso maternal por no desfallecer ante las desavenencias morales de su hijo. Preponderante, porque en cada estructura social de la realidad reflejaron con grandeza su participación; no en vano, la celebración del Día Internacional De La Mujer nace de tal activismo por hacer frente al desarrollo de los procesos que constituyen la historia. La mujer se convierte así, en inspiración abanderada de los constructos de la realidad.

Así pues, si la mujer inspira a otros a grandes causas, qué inspira a una mujer a ser el despliegue de sí misma. Pues si consideramos a la mujer como hálito de gestación de grandes actos, debe haber en ella una fuerza poderosísima que la hace diferente en su fundamento al ser del hombre. Una capacidad intrínseca para proyectar, originar y encausar los sentidos y necesidades de la vida.

La mujer, a diferencia del hombre comporta en su esencia una dimensión integradora, conjunta de la realidad. Su fundamento como persona radica en el hecho de ser hija, madre, esposa, trabajadora, formadora natural, benefactora de un hogar, etc. Sin dejarse reducir por no ser más que la experiencia univoca de alguna capacidad.

Aquellos momentos recrean en el ser de la mujer lo característico de su singularidad, formar y entretejer las cosas de la vida en un Todo. He ahí la grandeza de la dimensión de la mujer, ser el conjunto armónico de realidades que define y arquitecta los aconteceres de una sociedad. O como bien lo dijo el papa Francisco en la homilía matinal del 9 de febrero del presente año:

“el hombre no trae la armonía, la trae ella. Es ella la que traer la armonía, que nos enseña a valorar, a amar con ternura, y que hace que el mundo sea una cosa hermosa… El Santo Padre resaltó que el destino del hombre y la mujer es ser “una sola carne”.

Para ejemplificarlo, contó una anécdota que sucedió durante una audiencia en la que preguntó a un matrimonio que cumplía 60 años de casados: “¿Quién de los dos ha tenido más paciencia?”. “Y ellos que me miraban, se miraron a los ojos –jamás me olvidaré de aquella mirada–, después volvieron a dirigirse a mí y me dijeron, los dos al mismo tiempo: ‘Estamos enamorados’. Después de 60 años, esto significa una sola carne. Eso es lo que aporta la mujer: la capacidad de enamorarse. La armonía del mundo”.

Ahora bien, desde Aspaen Colegio El Rosario Barrancabermeja queremos en este mes de marzo, resaltar el importante rol de la mujer en la historia, desde la iniciativa de entender que el fundamento humano y la grandeza de aquélla está lejos de ser una reducción funcional y utilitaria de lo que ella puede ser. Por el contrario, aquello que la mujer en su dimensión de ser llega hacer; un sinnúmero de roles armónicos que maravillan y hacen posible el diario vivir de nuestra sociedad.

En conclusión, así como Penélope, quien expresaba incondicionalmente la armonía del amor conyugal mediante la espera de su Rey de Ítaca. Así mismo también, como Santa Mónica que resistía pacientemente a las actuaciones necias de su hijo Agustín antes de convertirse en Santo. Así mismo creemos que en el mundo hay muchos Ulises y San Agustines motivados por esa caudal armónico que entraña bajo la magia del amor una Mujer. ¡Feliz día!

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