EL VERDADERO QUEHACER DE LA DEMOCRACIA

Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado”.
Albert Einstei
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Por: Profesor Jesús Zambrano

Cuando se habla de Democracia se suele relacionar el concepto con la   coyuntura Política, y este a su vez, reducirse a adjetivos peyorativos, desfavorables y hasta perversos. Así, es posible considerar que la democracia como concepto practico de la naturaleza social de los hombres, se encuentra en su haber, deslegitimado. Pero, ¿qué comporta como tal la democracia?, ¿es su esencia solo una práctica de la política?, o más bien, ¿es realmente la democracia el ejercicio de las mayorías condicionadas por unos pocos?. Preguntas que como tal, recrean la necesidad por entender el sentido genuino de la democracia más allá de   su encasillamiento a ser solo andadura electoral.

Los griegos, por ejemplo, consideraban que la democracia (Politeia), debía ser una gran estructura que permitiera la convergencia, unión de todos los ciudadanos en un gran órgano rector, La Polis. Este ideal de interactuar entre el Estado y la ciudadanía hacia brotar del ser humano una importante esencia, La Sociabilidad. Aristóteles afirmaba que, quien creyese no necesitar de la sociedad sería una bestia o un Dios, pero no un ser humano. De este modo, se puede ver una realidad intrínseca en la democracia, a saber, el carácter de poner al hombre en situación ante el mundo, pero especialmente, ante el otro. Por tal motivo, decir que la democracia “somos todos”, puede resultar ser equivoco, trivial y muy rudimentaria frase de relación de la misma. Es más bien decir, la democracia es uno siendo todos o cada uno en virtud de la perspectiva de todos; en el sentido de que cada uno siendo su propia individualidad y experiencia de persona frente a las disposiciones y necesidades del otro.  En consecuencia, la democracia como personas nos   humaniza. Sin embargo, no es solo decir que la democracia despierta las fibras de congenio humano, por el contrario, ir más allá de esta premisa de la humanización y encontrar su verdadero quehacer en la dimensión conjunta de la persona. Es redescubrir que en   la experiencia y en el reconocimiento de la individualidad la naturaleza del hombre alcanza su re dignificación y reivindicación de su próximo ( prójimo), la otra persona. O sea, mientras más la persona da una mirada, una vuelta sobre sí, empieza a valorar más la misma mirada que el otro como persona puede hacer de sí. Esto es el verdadero quehacer de la Democracia, permitir que cada quien desde su propia esencia sea, en vista de respetar la esencia del otro. Ahora bien, hay que tener en cuenta que este ejercicio de reconocer la propia individualidad y la del otro, no es una especie de libertinaje o arbitrio anárquico. Es todo lo contrario, los griegos consideraban que la virtud emanada de la democracia era la Razonabilidad, es decir, la sabiduría, la prudencia. Ellos la entendían como el conocimiento conveniente, cuya   misión es dirigir tanto a los miembros del alma (mi experiencia de ser persona) como a los de la comunidad y esto se llevaba a cabo cuando se comprendía que la razón era el faro para buscar el bien común. Ser prudente para los griegos significaba pensar por sí mismo y ponerse en los zapatos del otro. Por tal motivo, un ejercicio electoral, bajo el cimiente de estas últimas características, por minúsculo o portentoso que sea en cualquier condición, reflejará el ideal de que elegir es un acto de despliegue personal en virtud de principios como la libertad, la igualdad y la reciprocidad.

Así pues, consabido el verdadero quehacer de la democracia en la naturaleza de la persona, nuestra institución pone en situación el poder reivindicar aquellas prácticas Democráticas de reconocimiento individual y respeto por el otro; desde las iniciativas de los diversos procesos de elección de representantes de curso, grado, elección de personero y demás momentos de participación institucional donde se asume que cada estudiante propende por su Singularidad en Apertura al mundo del otro.

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